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Cantonigrós - La Foradada




Con desayuno incorporado salimos del Maresme rumbo a Osona, concretamente a Cantonigrós, en cuyo término se encuentra la Roca Foradada, nuestro objetivo para hoy.
Superado el acojone inicial, -0,5ºC al paso por Roda de Ter, el día queda soleado y de porte primaveral. El equipo de invierno, lo que toca, conclusión: a sudar. Sobre la plana de Vic persiste una ligera neblina que queda muy bien en las fotos.




Antes de iniciar el paseo, cortadito reconfortante en el restaurant Puntí, situado a la entrada del pueblo. No tiene mala pinta, adelantamos faena y reservamos mesa para comer.


Seguimos hasta el parking habilitado junto al campo de fútbol, y desde aquí iniciamos la excursión. Hay que seguir el amplio camino que va descendiendo hacia la riera. Está en buenas condiciones, si acaso hay que vigilar en los tramos finales, donde se estrecha y gana desnivel, y las hojas caídas y la humedad lo pueden hacer resbaladizo (en algunas zonas hay barandillas de madera). No está muy señalizado (algunas marcas amarillas) pero en honor a la verdad no es necesario, no tiene pérdida. Podría decirse que es apto para todos los públicos, si bien se ha de procurar no ir en chanclas o con tacones.


En poco más de veinte minutos llegamos al curso del agua, y de pronto se desplega ante nosotros un paisaje de postal: en un anfiteatro de pared de roca se dibuja una cascada con una caída de unos 15 metros, junto a una roca "foradada" (agujereada) por donde entra la luz solar que ilumina una poza de agua que, en época estival, invita al baño. 


Hemos tenido suerte y solo hay un pequeño grupito, que al poco de llegar nosotros emprende el regreso, y nos deja espacio y silencio para disfrutar del rincón y hacer las 300 fotos de rigor. Cruzamos la riera y por un estrecho sendero que va ascendiendo, accedemos al agujero de la roca, desde donde tenemos otra perspectiva del enclave. 


Volvemos a la poza y, agotada la exploración del entorno, emprendemos el regreso. Ahora es todo cuesta arriba, y en algún tramo la pendiente es apreciable, pero con fotos y paradas en apenas cuarenta minutos estamos en el origen.

Las crónicas del lugar aseguran que en verano es una concurrida zona de paseo con bañistas incluidos. El caudal de agua, lógicamente, se incrementa con las lluvias y es más espectacular.

De vuelta al restaurante, vermutito en la terraza, orientados al sol, hojeando la prensa mientras se hace la hora de comer. La comida cumple las expectativas, una carta que no debe haber variado en los últimos treinta años, siguen ofreciendo "Pijama" de postre, pero que no engaña a nadie y con una buena relación calidad/precio: escalibada, patatas rellenas de carne, ternera con setas y conejo a la brasa con alioli, y más contentos que un perro con dos colas.


Damos un corto paseo por el pueblo para acabar de verlo, asentar el estómago y desperezarnos. En el horizonte se recorta el perfil de las montañas que emergen de la neblina del valle, con el Pedraforca como reclamo.


Y antes de que empiece a caer la tarde nos volvemos por donde hemos venido.

2 Comentarios:

  1. No había visto este otro blog tuyo, que gracia....sabes que de adolescente acampe por ahí? La foradada es un lugar especial tiene un encanto único, me trae muy buenos recuerdos y ver las fotos me ha encantado porque mi único recuerdo gráfico lo tengo guardado en la memoria!
    Besines

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  2. Me apunto este sitio, aún no lo he visto. Se ve precioso.

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